viernes, 4 de octubre de 2013

SURTIDO RICO
En mi puesto de libros en El Callejón del Libro, quizás en 2010. Foto de Diego Guadarrama

Una lectura en Cuernavaca (Calle Morrow) en 2010, junto con Yeni Rueda (a mi izquierda) y otros dos dos escritores

Caminante

 La última vez que te vi volando eras eterna,
una mujer pisando el prado de las nubes
que te querían pasar encima.

No fue por irte, caminaste, sólo caminaste,
quizá porque desde allá arriba el horizonte es más claro,
el aire más puro,
la estrella cercana.

¿Para qué recordar la primera vez que empecé a extrañarte,
con tu aroma de llanto extinto en primavera?

Ahora, tú,
y lo que te he construido.
La que camina,
pero tal vez
ya estarás buscando la noche
  en cualquier calle.

Lo que no sé,
es qué seremos mañana,
cuando en mis manos estén las respuestas,

cuando tengas los pasos cansados.

Del poemario inédito "En el camino"
El asombro de la permanencia

Javier Sicilia, La presencia desierta. Poesía 1982-2004, FCE, México, 2004, 224 pp.*

Por Daniel Zetina

No es necesario innovar para hacer poesía. De hecho, no es necesario moverse ni un paso desde el punto de partida. Esto no es un negocio, es una inmejorable sinrazón.
            En Cuernavaca se sabe que Javier Sicilia, poeta renacido en Morelos, trabaja mucho. Da clases, asiste a escuelas, seminarios, encuentros, promueve y un sin fin. Se sabe también que ha publicado una biografía y algunas novelas, entre la que destaca El Bautista. Muchos leen su columna en La Jornada Semanal, sus artículos en Proceso y otras revistas. Se conoce su afán por apoyar causas difíciles que no estériles.
            Aunque al verlo en la calle la gente diga “Ahí va un poeta”, poco se sabe de su poesía, de su verso tenaz, de sus poemarios publicados. No es, por lo mismo, ampliamente conocida su antología La presencia desierta. Poesía 1982-2004 que el Fondo de Cultura Económica le publicó en 2004.
            Sicilia es místico, espiritual, respetuoso de las cosas de Dios y cauteloso con las del hombre. Así es su poesía. En ella, lo divino torna mundo en su palabra.
            Esta antología abarca sus poemarios Permanencia en los puertos (1982), Oro (1990), Trinidad (1992), Vigilias (1994), Resurrección (1995), Pascua (2000) y Lectio (2004). Es a la vez fiesta e invitación a una poesía que se puede bien llamar honesta y que no sorprende por sus giros sino por su constancia.
            Dejo al poeta el resto de la página, a su palabra tus oídos, a su letra tus ojos.
           
Permanencia en los puertos (fragmento)

9

Aquí la tierra es dulce y alimenta,
nítida sequedad bajo mis huertos.
La vida vuelve, asciende,
de su raíz despega y se reinventa;
la muerte se disuelve entre sus puertos
y todo desde el lodo se distiende.


Vigilias (fragmento)

Habla María Magdalena

Perdóname, Señor, no me sabía
tan blanca ni tan bella; tengo sucios
los labios de saciar otros deseos
y mis ingles manidas y llagadas;
perdóname, mi Amor, no comprendía,
de tanto avergonzarme ante tu cuerpo
y se redime en el mundo con tus besos.
No tengo ya vergüenza que oponerte
ni velo, ni vestido, ni sandalias;
sólo un vasto deseo me domina,
una pasión oculta que me impulsa
a perderme en la sima de tu lecho
y a aliviarme desnuda entre tu reino.

Resurrección (fragmento)

Y al cabo de los siglos me descubro
como Javier Sicilia, más pequeño
y mas triste mirando en la fe
y en esta dura hora en la que entrego
el barro de mi padre y sus despojos…

Pascua (fragmentos)

Todo se hunde aquí, en esta sombra:
las tiendas comerciales, Televisa,
la usura de los bancos y la Bolsa,
las industrias de ICA y las de Pemex.

[…]

y en el fondo del alma el hombre reza;
en esa soledad, si uno se calla,
se puede oír, se puede, la presencia,
porque hay un tiempo en ella para todo:
tiempo para nacer y morir, tiempo
para crecer y edificar; un tiempo
para la dicha y otro para el llanto;
tiempo para sembrar y tiempo para
cosechar, y otro más para que Dios
nos llame y se degrade la materia
que nos llevó a través de lo visible

y la presencia vuelva a su principio.

* Publicado en el suplemento "Bajo el Volcán" de La Unión de Morelos en abril de 2005.


viernes, 27 de septiembre de 2013

jueves, 26 de septiembre de 2013

Presentación de libro

Buenas tardes a todos ustedes. Bienvenidos al Centro Cultural Mitote. Este día nos hemos reunido para llevar a cabo la presentación del libro Reflexiones nocturnas de un inefable trashumante, del escritor Juan Rodrigo Díaz-Bello Benavides. Yo soy Abundio Pérez, director de este Centro Cultural y estaré encargado de moderar la mesa.
Para la presentación, contaremos con la amable presencia de… de… de la poeta Amira Nirvana; deeel doctor en letras Julián Cortazar, sí, Cortazar, sin acento; de Álvaro Covarrubias, quien es coordinador del Fondo Editorial Espejo, que depende del Instituto de Cultura y Promoción Física de la Benemérita y Heroica Universidad del Estado; además de Karina Bulmares, prima del autor, ¿sí?, ¿prima?... ajá, su prima.
Bien… sí, Laurita, dígame usted. ¿Qué?, ¿no han llegado todos?, ¿perdón?, ¿no van a ve…? Ah, no van a venir todos los invitados que acabo de mencionar… bueno. Sí, detalles, detalles. A cualquiera le pasa, Laurita. ¿No les damos tiempo?, ¿ya no? Muy bien, continuaremos con los que estamos. Les pedimos una disculpa —mira al público—, a cualquiera le pasa, ya saben. Es que yo no tenía el gusto… todo se gestionó por teléfono, en fin: pensé que eran ellos, je je —mira a ambos lados, escudriña los ojos de las cinco personas que lo acompañan en la mesa; a nadie parece importarle la interrupción, la ausencia de invitados ni los susurros de Laurita.
Muy bien, continuamos… ahí viene Laurita con unas hojas, ¿son los nombres? ¡Ah, bien, bien! Un aplauso para Laurita, por favor. ¡Muchas gracias! ¡Eso es!
(Aplausos).
Ahora sí, eh… okey: a ver, a ver, llegaron… Amira Nirvana y el doctor Cortazar. Entonces, ¿a quién más tenemos aquí?, je je. Es que hay tres más en la mesa, bueno, y conmigo: seis, claro, je je.
Los presentaré a uno por uno, con estas hojas, para que vayamos familiarizándonos, para entrar en confianza, para romper el hielo, ya saben, así como Laurita, mi asistente.
Primero, a ver… Ajá: Amira Nirvana. Se levanta por favor… ¡Eso! Ella es putiza, perdón, poetisa. Nació en bs bs bs bs… Ajá: estudió arquitectura en la Universidad Marista, es ama de casa y madre de tres niñas, bs bs bs bs… Y toda su obra poética se encuentra inédita. Mmm, un aplauso, por favor.
(Aplausos).
El doctor en letras Julián Cortazar es doctor en letras por la Universidad bs bs bs de Carolina del Norte, maestro en filosofía y licenciado en administración. Actualmente pertenece al consejo editorial del suplemento semestral Minerva, que se publica en el diario Color Local, que todos conocemos, por supuesto. Imparte las clases Textos Literarios uno y dos en prestigiada escuela particular. Su aplauso, claro que sí.
(Aplausos).
No están Álvaro Covarrubias ni Karina Bulmares, pero sí llegó Jacinto Venéreo, ¿eh?… sí, Venéreo. Él es un joven talento y fue invitado a esta presentación tras haber ganado el primer premio del Concurso de Cuento de la Preparatoria Federal Número Tres. Démosle otro caluroso aplauso.
(Aplausos).
Ximena Tonatiú, ahora levanta la mano, sí, asiste en representación del encargado de despacho de la oficina de Promoción de la Cultural del Ayuntamiento. Ella es… tá muy encantada de acompañarnos. Aplausos.
Por último, tenemos al autor: con ustedes, el maestro Juan Rodrigo Díaz-Bello Benavides, padre del libro Reflexiones nocturnas de… ¿Qué pasa, Laurita? ¿No… no es? Eh… Bien, Laurita, miren: ¡otro papelito, de esos que nos salvan, pues! No es el autor… ¡pero es el editor! ¡De maravilla! Seguro que él nos puede contar algo acerca del libro, ¿verdad, colega? Tu nombre: ¡Mario Cuevas!... bs bs bs… nacido en la capital del país: desde los dos años radica en nuestra ciudad. Es editor y periodista cultural autodidacta. Además de dirigir el sello Murmullos en el tintero edita la revista Desplumar los libros. Vamos a regalarle su aplauso, si me hacen el favor.
(Aplausos).
            Como ya hemos terminado las presentaciones, y estamos por entrar en el meollo del asunto, les voy a pedir otro fuerte aplauso para animar a nuestros presentadores.
(Aplausos).
            El maestro Juan Rodrigo Díaz-Bello Benavides seguro que está por llegar, así que podemos empezar con los comentarios. Iniciemos con el doctor. ¿No?, ¿prefiere ir al final? Bueno… —ring, ring— ¡Por favor, apaguen ese teléfono celular!, les recuerdo que estamos en un acto cultural… ¿qué pasó, Laurita?... ah… ¿es para mí? Disculpen. ¿No puede esperar, Laurita? ¿No?... Diga, ¿quién habla? ¡Juan Rodrigo Díaz-Bello Benavides! ¡Maestro, lo estamos esperando!... ¿qué?, ¿qué no viene?, pero, ¿por qué…? ah, bueno, no, pues sí, lo entiendo…
            El autor no vendrá a la presentación de su libro, tuvo un contratiempo muy importante. Pero lo que sí les puedo ofrecer es una disculpa a nombre del autor y del Centro Cultural Mitote. De cualquier modo, pueden comprar el libro, que está… ¿Cómo, señor Cuevas?, ¿no hay libros? ¿No?, ¿no?… ah, la imprenta no los entregó a tiempo… ya entiendo… sí, a cualquiera le pasa…
            Bueno, olvidémonos de los errores y de los contratiempos, comunes entre nosotros los humanos, ¿verdad?, y comencemos con los comentarios…

—Mira, Laurita, yo creo que no estuvo tan mal, ¿no? Digo, para ser la primera presentación que hacemos.

—No, ingeniero, yo también opino que estuvo bien. Además, para las tres personas que vinieron… 

Del libro Mentiras piadosas (Instituto de Cultura de Morelos, 2012)

lunes, 1 de julio de 2013

Invierno

Invierno

El invierno de tu piel me arrastra hacía mí,
cada vez más
sin luz
lejano incluso de nuestra antigua primavera

sin manecillas ya en el reloj del cuerpo
me tiendo a ver cómo el tiempo se consume
buscando el fuego en donde hubo cenizas

el silencio grita en este castillo de papel
busca los pliegues de las sábanas
quiere regresar pero no sabe cuándo
ni si quiere regresar

Pero yo, incluso,
todavía lloro a escondidas
frente a tu presencia perdida
no te puedo entenderme
y vago entre tu vago amor


Daniel Zetina

lunes, 24 de junio de 2013

Laureado
El tenor, empecinado en recibir todos los ramos que el público le lanzaba, se acercó al borde del escenario. Desde ahí levantó varios y cogió, con maestría, algunos más en el aire. El último fue preciso: se estrelló con fuerza en su ojo izquierdo. Eran rosas de invernadero, orgánicas, cargadas de espinas.
El público le vio salir sangrando tras bambalinas.
Y así, perdió el ojo.

Siguió cantando muchos años más, unas veces con cierta dificultad. El público siempre se le entregó efusivo, pero nunca más recibió regalos.
Virtuoso
La Orquesta Sinfónica del Estado apareció en el Teatro de la Universidad Nacional. Bajo la batuta del joven director y compositor Balam Blas, inició el Concierto incierto a las veinte horas en punto.
Durante los primeros ciento veinte minutos el público escuchó asombrado los sutiles ritmos de aquella obra. Tres horas después, aplaudieron antes del primer descanso. Algunos curiosos revisaron el programa para constatar que incluía cinco descansos como aquel.
Al regreso, hacia la media noche, el respetable se mantuvo atento a los giros espasmódicos de la melodía. A las dos y media los meseros repartieron abundantes bocadillos a modo de cena.
Para las ocho cuarenta de la mañana siguiente el concierto parecía estar llegando a su clímax, pero la pausa de las nueve y media contuvo los ánimos.
El concierto terminó a las trece horas con una ovación de pie del público, que, loco de contento —o por alguna otra causa—, chiflaba y manoteaba. Algunos palcos, estremecidos al máximo, pidieron a coro “otra, otra, otra”, pero no les hicieron caso.
Aplauso de veintisiete minutos, el más largo en la carrera de Blas y del Teatro de la Universidad Nacional. Todavía no terminaban de salir los asistentes cuando los paramédicos ya subían a auxiliar a los concertistas, quienes sufrían calambres, ataques de pánico, arritmia y otros malestares comunes en su oficio. El joven Balam Blas se desconectó el suero y la diálisis que tenía desde el inicio.

En la entrada del Teatro, la gente paraba taxis, agitaba el boleto del valet parking o caminaba como extraviada. Algunos ya ensayaban excusas para sus casas u oficinas.

De mi libros de cuentos MENTIRAS PIADOSAS (ICM, 2012) 

domingo, 7 de abril de 2013

Violencia de género, una solución posible

Varones que leen este blog: la violencia de género hacia las mujeres (de todo tipo) es el resultado de una ideología retrógrada y patriarcal que indica que los hombres (solo por serlo) son más y mejores que las mujeres; este pensamiento coloca a los varones por encima no solo de las mujeres, sino de todos los mamíferos sobre la tierra. 

Recomiendo que si no pueden evitar la violencia de género, mejor se suiciden, así contribuirán efectivamente a combatirla. No será mucho, pero la humanidad se los agradecerá, incluso sus madres.

Daniel Zetina
Abril de 2013

jueves, 14 de marzo de 2013

OPIO es otra novela del escritor francés Maxence Fermine. Igual que NIEVE, una obra previa, OPIO es breve y de una fluidez sorprendente. Una virtud de Fermine como narrador es la sencillez. No elabora grandes ni complicadas tramas, sino una sola historia, de principio a fin, si mayores aspavientos narrativos. 
En NIEVE cuenta la historia de un occidental que va a oriente y se enamora. Ahí aparece como figura central el funámbulo, el que avanza por la cuerda floja para placer del espectador ocasional. En OPIO es un inglés treintañero, en la primera mitad del siglo XIX, quien en busca de los secretos del té (verde, azul, negro, blanco) viaja a China y mediante una serie de estrategias dignas de un detective inglés consigue internarse en el territorio chino hasta entonces desconocido por los occidentales y hostil con lo extranjeros. 
El personaje, Stowe, no solo llega al corazón de las montañas donde se cosecha el mejor té y descubre los tres secretos de la legendaria bebida, también se ve envuelto en el tráfico ilegal de opio, con el fin de estar con la mujer de la que se ha enamorada, llamada Opio y quien es adicta a fumar dicha droga.
La historia es en sí solo un viaje de ida y de vuelta de Inglaterra a China. Es una corta historia de amor. Es un encantamiento, por el té, por la China, por Opio, por la aventura. 
Recuerda un poco EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS de Conrad, porque para llegar a Opio, el personaje remonta un río en una panga, sorteando el peligro de ser un blanco. Además, está el hecho de que la guerra de China con occidente está por comenzar y con ello la apertura de China a las relaciones comerciales con Europa. Claro que a OPIO, la novela, le falta riesgo, ya que en ningún momento es atacado por nadie y puede ir y volver sobre el río. Al final del río, hay un manantial, y ahí vive Opio. Ahí pasan siete días de pasión y opio, rodeados por las espléndidas montañas. 
Ahí también Stowe está a punto de dar su vida por su amada Opio, quien es controlada por un malvado y misterioso hombre, quien es a su vez el amo y señor del té, del comercio del opio y la vida de los campesinos de la región. Stowe se envalentona e intenta enfrentarlo y darle muerte, pero Opio lo convence de huir. Al bajar al puerto, la guerra expulsa a algunos comerciantes y Stowe vuelve a casa para no regresar jamás. Pero antes de partir, su contacto en China le devela el último secreto de su viaje.
Esto es un giro de verdad hermoso en la narración. Como decía, antes de esto es una historia lineal, que avanza y que resulta verosímil y agradable, pero en este final hay un vértigo especial.
Además de ello, la prosa de Fermine es magra, sin sobrantes ni faltantes. Parece escribir pensando cada palabra, cada oración para conseguir sus fines. En poética desde el inicio. En la primera página puede leerse: "La pasión por el comercio no se aprende. La afición al té de adquiere con el correr del tiempo". 

sábado, 9 de marzo de 2013


La imaginación salvadora

Daniel Zetina

Tal vez a muchos de nosotros nos parezca descabellado haber asistido o enviar a nuestros hijos a un internado. No hay mucha tradición de ello en México. Contraria a nuestra situación es la que ocurre en Inglaterra, en donde abundan los internados. Es en uno de ellos en donde se desarrolla la historia de El caballero fantasma de la afamada escritora Cornelia Funke, editado por el Fondo de Cultura Económica en 2011.
Quizás nos parezca ajena una situación en la que un niño de 10 años sale de su casa para ir a la escuela toda la semana, pero no puede sernos lejana la escuela en sí ni la posible aversión a la misma.
Jon Whitcroft vive una verdadera aventura en el internado de Salisbury, a donde acude, en parte, para alejarse del novio de su madre, quien no le cae nada bien.
Ya en el colegio, Jon comienza a tener una vida “normal”, pero pronto todo da un vuelco, cuando al asomarse por una ventana se da cuenta de que un malvado caballero fantasma lo observa…
La historia es interesante y quizás también cuestionable. En primer lugar, hay que decir que se trata de una narración fantástica, no realista. Lo que le ocurre a Jon no podría pasar en el mundo real, el mundo de los adultos, aunque sí en el mundo de la infancia, más cercano al mundo mágico, de las emociones, los miedos y los “otros mundos”.
En esto, creo que es una ventaja que Cornelia Funke haya sabido darle la verosimilitud necesaria para que la trama no caiga en lugares comunes, a la vez que la hace lo más fluida posible, sin caer en explicaciones innecesarias.
En segundo lugar, puede ser cuestionable que la salida o “fuga” de un estudiante que no ama la escuela y que cuestiona su realidad sea la fantasía. Quizás lo que se espera de un niño como Jon es que se concentre en sus estudios y se olvide de historias medievales. Por otro lado, hay quien cree que lo más práctico es que leamos y recomendemos leer obras objetivas, científicas y razonables.
Puede ser muy criticable, sí, pero personalmente no me interesa encontrar en los libros un espejo de la realidad ni busco que la literatura sea objetiva, comprobable ni me ayude a “aprender”. Lo que busco cuando abro una novela es dejarme llevar en los brazos del autor, quien a través de la historia que cuenta será capaz de conmoverme, ya sea a través de los sentidos, los sentimientos o incluso la irracionalidad, siempre y cuando la obra sea presentada de modo que pueda disfrutarla.
Y me parece que Funke lo consigue. Técnicamente, la obra logra una unidad de sentido. Podría decir que a pesar de ser una historia “sencilla” puede mantener la atención del lector, entre otras razones, porque logra llevar la tensión, el misterio, a lo largo de todas las páginas.
Como las personalidades de los personajes están bien definidas, resulta chusco cuando se enfrentan a situaciones extrañas, que ponen a prueba su temperamento, y esto a veces da como resultado escenas con gran hilaridad.
No faltan temas como el primer amor, los problemas existenciales de los prepúberes, la familia, la educación y otros, que son bien manejados como conceptos secundarios y que no afectan, más bien, que enriquecen la obra.
Si bien puede verse como una novela para niños-adolescentes, puede resultar agradable para el público de cualquier edad que desee encontrar un motivo más para desarrollar su imaginación.

jueves, 7 de marzo de 2013

CUARTO EN RENTA, mi primera novela, será presentada el día 23 de marzo en el Primer Encuentro de Escritores “Muérdeme la Razón” en la ciudad de Iguala de la Independencia Guerrero, que organiza la revista temática literal “Los Tlacuaches, Mordiendo la Razón”
Gracias a Gabriela Zavaleta y Everardo Martínez Paco



Mentiras piadosas
Para mí
Pedro Martínez anhelaba tener lograr una carrera literaria. Alguien le dijo que un buen escritor se reconocía por el número de publicaciones en las que colaboraba.
            A partir de entonces, Pedro editó una revista cada mes. Imprimía solo dos ejemplares y las sumaba a su currículum como colaborador.
            El primer mes gastó su ingenio en una revista de artes titulada Bricolage, donde publicó una crítica de la obra plástica de Cisco Jiménez, entre otros textos con seudónimos. El segundo mes, editó Lujurias, de erotismo. Luego vinieron Cariátide, Quinesis, Fígaro, Pantalla, Tabique, Hemeroland, Tecuanes, La Pisca, La Siega, Los Placeres y las Ruinas, Postal, entre otras.
            Cada número contaba, por lo menos, con veinte colaboradores. Entre ellos, Pedro era uno más. Siempre se cuidó de no ser el director de las revistas ni aparecer en consejos editoriales, consejos de redacción, consejos de colaboradores ni patronatos, todos ficticios.
            Lo que más le pesaba no era escribir todos los textos sino ejecutar la obra plástica con que ilustraba cada revista. Para los textos, como fuera, sabía inventar estilos que no le pertenecían o podía copiarlos tanto de revistas reales como de los pocos libros que leía.
            Después de un año, y tras haber colaborado en trece de sus efímeras publicaciones, se lanzó a un proyecto más ambicioso y que daría realce a su carrera. Cuando publicó Céfiros y trinos decidió presentarla en el Auditorio Che Guevara de la Universidad Estatal. Llegaron veintiún interesados, que no pudieron encontrar ejemplares a la venta y se consolaron con hojear, por turnos, alguno de los dos ejemplares que Pedro llevaba.
            En Céfiros y trinos había una sección especial para la reseña de revistas. En adelante, cada nueva revista de Pedro reseñaba sus pasadas creaciones o entrevistaba a editores, directores y colaboradores de aquellas.
            Así, Pedro fue aprendiendo a escribir… y algo más: editar, diseñar, reseñar e ilustrar fue su trabajo cotidiano.
            Al tercer año, y después de treinta y seis revistas, Pedro decidió que debían ser quincenales. Dobló su trabajo, pero la experiencia le vino bien.
            Un año después intentó publicar en otra revista, una que no fuera hecha por él. Ya había cobrado cierta fama por colaborar en tantas revistas y, para su suerte, nadie se preguntaba por el destino de las mismas, pues se daba por sentado que las revistas culturales debían de durar lo menos posible.
Uno de sus últimos experimentos consistió en organizar la presentación de una revista bilingüe que tituló Ruta libre. Promocionó con carteles y envió el acostumbrado boletín de prensa. La cita sería en la terraza de un popular parque, un domingo por la mañana. La revista ni siquiera existía, pero en el cartel ya aparecía su nombre como presentador, junto con otros dos personajes irreales. La verdad es que nunca gestionó el lugar, pero sí se presentó a observar su propia farsa. Llegó con saco de pana, se sentó en una banca de la terraza y después de veinte minutos dio por presentada la revista y se fue. Obviamente, nadie más acudió. De todos modos, Pedro comentó la presentación lo más que pudo entre sus familiares y los pocos amigos que tenía.
            Cuando Pedro mandó su currículum a una revista de verdad y muy importante, impresionó a los editores: no conocían a nadie que hubiera colaborado en cincuenta y ocho revistas de contenidos tan variados. Pedro tenía solo veintiséis años.
            El director de la revista, Octogenario Sosiego, lo invitó a cenar, lo presentó con luminarias de la literatura nacional y lo promovió para una generosa beca gubernamental.
            Pedro agradeció a Sosiego y siguió adelante.
Ahora, además de editar dos revistas cada mes, recibía dinero del gobierno para editarlas. Cuando le preguntaban en dónde se vendían sus publicaciones contestaba que en tiendas departamentales, aunque nadie las encontraba nunca.
            Después de la primera beca vinieron otras. Se convirtió en colaborador de la revista de Sosiego y en su perro faldero.
            Al cabo de unos años fundó —junto con los escritores Felipe Santiago, Oseas Medino, Carla Caro y Erubey Quitero Trenado— el grupo de escritores Soledad, que inmediatamente fue estudiado en universidades de Estados Unidos. La crítica y los lectores los vitorearon.
            Por fin, al cumplir los treinta años, dejó de editar sus dos revistas al mes y decidió inaugurar una en serio. Para ello convocó a los escritores del grupo Soledad. El título para su primera revista real fue Mentiras piadosas. Con ese título Pedro pretendía redimirse por sus prácticas fraudulentas anteriores.
            El primer número fue presentado en el Palacio de Bellas Artes. Sosiego, el padrino indiscutible, abanderó el acto. La prensa nacional se desbocó en notas y reseñas del evento.
            Una semana después, Pedro marchó junto con Carla Caro a París (gracias a otra beca). Encargó la revista al resto del grupo. Desde allá envió cada semana su colaboración, actividad en la que se esmeraba noches continuas. Nunca pedía noticias de la que consideraba su obra maestra. Deseaba llegar a México como la misma Karina Fontana, lleno de gloria; como Carpentier a Cuba o Cortázar a Argentina. Casi esperaba encontrar un comité de bienvenida con el mismo presidente de la República al frente.
            Pero no.
            Regresaron seis meses después, solo para personificar su ruina. Mentiras piadosas era un desastre, los textos malísimos. Nadie la quería distribuir. En algunos sectores se había organizado su censura o su destrucción. Sosiego estalló en cólera contra su pupilo:
            —¡No tenía que humillarse de ese modo, Martínez! Podía simplemente seguir colaborando con nosotros y en otras revistas. No tenía por qué echar a perder la carrera del grupo Soledad. ¡Pobres muchachos!
            Sosiego desconoció al anonadado Pedro Martínez y a su grupo. Les retiró las becas, los vetó de los premios y los redujo al anonimato.
En un par de meses, todo era pasado.
A sus treinta y un años, Pedro Martínez, sin haber aún estudiado nada en serio, regresó a su casa. Carla Caro lo había abandonado por un escritor de apellido Cristofelguérez Amorrourtu.
            Pedro volvió a la casa materna, reunió sus revistas y las donó a la biblioteca de la Universidad Estatal. Una profesora que lo reconoció le ofreció dar dos talleres, uno de poesía y otro de cuento, para escritores noveles. Pedro aceptó, pero pidió que también se abriera otro de edición de revistas culturales, lo cual obtuvo.
Desde entonces hasta la fecha, durante veinte años, Pedro cuenta a sus pocos alumnos sobre su época de fama, les lee cuentos y a veces les regala, a uno o a dos, ejemplares de alguna revista en que colaboró.

Plagiario
Para Jesús Parets
Una nota periodística en La Nación reveló que Juan Larrea, quien había publicado veinte libros de superación personal, no era el verdadero autor de ninguno de ellos. Además, el reportero hizo público quién sí los escribió, es decir, la autora material de las obras: se trataba de la esposa de Larrea, quien había contado todo en una entrevista secreta y exclusiva para aquel diario.
Era por todos sabido que, gracias a su editor, Larrea había ganado una fortuna y que a consecuencia de ello (o sin ninguna relación) se había dedicado durante más de diez años a una vida bastante dispersa, de la cual daba cuenta su recalcitrante alcoholismo.
Tres años antes de las declaraciones que lo hundieran, el mismo editor había recomendado a Larrea poner todos sus bienes y cuentas bancarias a nombre de su esposa (se ignora si ya lo sabía), para evitar que lo despilfarrara en una juerga y dejara desprotegidos a los seis hijos que habían procreado juntos, la mayoría de los cuales no eran más que veinteañeros talegones sin oficio.
La noticia fue una bomba y pronto se reprodujo en otros medios de comunicación. Larrea, entonces, evadió toda entrevista y se encerró en su casa de campo, hasta donde un grupo de reporteros lo siguió, en busca de alguna exclusiva.
El plagio resultaba terrible, tomando en cuenta que gracias a su obra Larrea había recibido además la Medalla al Mérito Cultural del Senado, el Premio Nacional de Promoción de la Lectura, la Orden en Letras de la Universidad Nacional, la Presidencia Honoraria de la Academia Nacional de Desarrollo Humano y la Vela Amarilla de las Adoratrices Perpetuas Guadalupanas por los valores que sus libros promovían.
Si Larrea se escondió, su mujer continuó con su estrategia desde un departamento que la familia tenía casi abandonado en la capital del país. Concedió entrevistas a otros dos periódicos nacionales antes de hacerlo a tres radiodifusoras y por fin a un matutino de televisión. Esto último llevó la noticia al gran auditorio e hizo que las autoridades judiciales —por encargo directo del senador Jorge Calvo— iniciaran una investigación.
El juicio, sustentado más en lo moral que en lo legal, transcurrió con más calma de la que se esperaba, si se toma en cuenta el escándalo inicial. Los medios también fueron perdiendo interés en el asunto. Hasta que trascendió que la esposa de Larrea había ofrecido información adicional al jefe de la policía, lo que abrió una nueva línea de investigación. Hasta entonces, Larrea había gozado de total libertad y sus abogados ya le endulzaban el oído con promesas de impunidad.
Pero.
La policía fiscal, la criminal y la especializada en protección de los derechos industriales e intelectuales levantaron nuevos cargos, con lo que la defensa de Larrea se vio por completo rebasada.
Las nuevas revelaciones fueron aplastantes. A cambio de trato preferente y cierta protección oficial, la esposa develó la verdad oculta y junto con el jefe de la policía terminó de subir al patíbulo a su aún cónyuge.
—Las obras publicadas por Larrea no fueron escritas por Larrea, como todos ustedes saben —dijo el jefe de la policía en rueda de prensa—. Pero tampoco fueron escritos por la esposa de Larrea, como se dio a conocer antes. En realidad se trata de una imprecisión. Frente a los medios, la señora afirmó haber “entregado” (textual) una por una las veinte obras a Larrea, pero nunca aseguró haberlas escrito originalmente como ustedes supusieron y afirmaron. La señora, aquí presente, es traductora de profesión y con su trabajo sacó adelante a su familia, incluyendo al mismo Larrea, antes de que este fuera famoso. A título personal, la señora tradujo diferentes manuales de superación personal durante sus tiempos libres, por mera afición, pues nadie la contrató para ello. La señora declaró ante la autoridad competente, y bajo juramento, haber dado los libros traducidos a su esposo, con la esperanza de que los leyera y mejorara como persona, se volviera responsable y se motivara para que pudieran lograr un mejor futuro como familia. En ello no hay ningún delito que perseguir, obviamente. La señora nunca supuso lo que Larrea haría con las traducciones. Larrea abusó de la señora y al llevarlas con un editor violó varias leyes, entre ellas, la Ley de Propiedad Industrial e Intelectual, la Ley de Derechos de Autor y el Código Penal Federal. Cómo hizo su fama, todos lo sabemos. La señora declaró que nunca denunció a su marido porque Larrea, ciego de poder, la tenía amenazada, prohibiéndole por años regresar a su antiguo oficio. Finalmente, y como un acto de entereza cívica y de gran valor moral, denunció las prácticas fraudulentas de su marido. Hasta aquí los hechos. La Procuraduría Nacional realizó las investigaciones necesarias y gracias a ello diez autores y diez editores extranjeros sin filial en nuestro país presentaron las denuncias correspondientes. Además, se le han sumado otros cargos: extorsión, calumnias, amenazas, abuso de confianza, falsedad de declaración; incluso, por una causa adicional que no vale la pena explicar, por abigeato. Le espera un juicio que seguramente será breve por la cantidad de evidencias y testigos en su contra. Su editor, quien ha demostrado haber actuado en todo momento de buena fe, rindió ya su declaración preparatoria, a él solo se le acusará de especulación comercial en menor grado y se le impondrá una sanción económica que no mermará del todo sus finanzas, pues el gobierno no pretende acabar con una próspera empresa. Aunque hay que esperar también la sentencia definitiva, les puedo asegurar que el falso escritor Juan Larrea no será visto por la calle de nuevo… Por último, debo aclarar que, pese a lo que se rumora en los corrillos periodísticos, la señora y yo no tenemos ninguna relación íntima.

lunes, 25 de febrero de 2013


Consulta

—Doctor Pérez, ¿por qué el sexo anal es más doloroso que el sexo vaginal?
—El esfínter anal es muy estrecho y solo alcanza su mayor dilatación con movimientos lentos y con suficiente relajación. Se debe usar lubricante con dilatador, además, como médico familiar, le recomiendo el uso del condón, señor López, eso también evitará que le desgarren el culo.
—Gracias, doctor.

Truene

Mi ex novia era un amor y nuestra relación iba muy bien hasta que me encontró en la cama de su mejor amiga y me tronó, poco a poco, siete huesos y dos costillas con un bate que encontró en el pasillo.

La vanguardia musical

El insigne maestro Leopoldo Castells Lingueratto, puntero dentro de la vanguardia entre los compositores contemporáneos, llegó a su punto más alto cuando noviembre en 2010, dentro del marco de la Bienal Internacional de Compositores de Andalucía, ganó el primer premio de la Bienal y se llevó la Medalla del Gran Jurado.
Su estilo y creatividad no han dejado de sorprendernos, pues el trabajo Castells Lingueratto se ha definido a lo largo de veinte años de carrera hasta alcanzar el reconocimiento de la crítica mundial, que lo ha incluido entre los más importantes compositores del siglo XXI. Lo que más sorprende de su trabajo es que puede ser reconocido como transgresor y contestatario, pero también como fresco y actual.
La obra ganadora, y la última que se decidió a dar a conocer, fue interpretada por el afamado actor Ignacio Vidal. Los productores de la Escuela Nacional de Música, encargados del estreno mundial, no lograron contratar a ningún músico de renombre que se atreviera a interpretarla frente a un auditorio en el cierre de la Bienal. La obra, con una duración de tres minutos, fue la famosa Sonata para piano en La mayor para pene en erección.

Libros eróticos

La sexóloga Anabel Ochoa recomendó “masturbarse con un libro”. Lo hizo en su programa radial nocturno, Desnudo total, durante uno de sus acostumbrados monólogos. Dijo que era lo mismo para ellas que para ellos, siempre cabría la posibilidad de encontrar un modo de hacerlo. En realidad pretendía el sentido figurado y así lo entendió el grueso de sus miles de radioescuchas. Sin embargo.
            Griselda lo tomó literal. Esa misma noche, al terminar el programa, apagó la radio, encendió el televisor, tomó un ejemplar de La metamorfosis de Ovidio, fue al sillón, se bajó los calzones y comenzó a masturbarse. Luego cambió de parecer y agarró El invierno en Lisboa de Antonio Muñoz Molina, de pastas duras.
            Alcanzó varios orgasmos con el lomo, el canto y las pastas del libro. Una experiencia fantástica, sobre todo para una lectora tan exigente. Repitió aquella práctica durante tres días hasta que su madre la invitó a cenar y pasó la noche fuera de su departamento. El jueves amaneció con una ligera irritación, se puso un pantiprotector y fue a la escuela. Por la tarde, la comezón y el flujo la obligaron a abandonar la biblioteca y a asistir al Centro Médico Universitario.
            No contestó al médico sobre la posible causa de la infección y negó prácticas sexuales de riesgo. Pasó la siguiente semana en casa, con temperaturas, antibióticos y dieta especial, le daba asco leer y le repugnaba la idea de sintonizar a Anabel Ochoa.
            Cuando todo pasó, llamó a la estación de radio y contó su historia a un productor que la escuchó atento y respetuoso sin pedir detalles. Días después recibió por paquetería una colección de libros de Anabel Ochoa y una emotiva carta, en la cual la sexóloga le pedía disculpas “por sus palabras”. Agregaba que lo que le había sucedido a ella, y a por lo menos quinientas personas más que escucharon el programa la noche de marras, no había sido su intención, que la disculpara.
Sin importar el lector

Daniel Zetina

Terminé "En la mira del avestruz y otros cuentos" de Alejandro Estivill (Ficticia-Conaculta, 2007). Son 16 cuentos disímiles sin nada que les dé unidad de sentido.  Los hay breves (una página) o cortos (hasta 16 páginas). Unos son de ficción, otros de ciencia ficción, unos más son intertextuales, otros de fútbol y de temas urbanos.
En general no me gustó el libro, pero hay cosas que comentar. El lenguaje es el de un nerd, por ejemplo, usa frases populares pero como un clisé, sin dominio de ellas. Es decir, el autor no las usa en su vida cotidiana. Los dos cuentos que tratan de fútbol (“Yo no maté al árbitro” y “El león de Bongor”) manifiestan sin duda con mayor claridad las obsesiones del escritor. En ellos se deja llevar por su pasión y se olvida del lector, como lo hace en casi todas sus historias. Es algo arriesgado pero interesante. Como digo, no parece importarle si el lector entiende, ya no digamos si comparte, la pasión y los detalles de los que se vale para construir unas tramas, que si bien pueden ser verosímiles son también sosas y aburridas. En un momento parece que nos llevará al desenlace vertiginoso o a un giro final sorprendente, pero no es así. Las historias de pronto parecen no terminar, incluso no empezar nunca. Como decía, son puras obsesiones, pero casi no son literatura, sino apuntes mentales llevados al papel.
En este caso sí leí todo. A diferencia de una novela, en la cual si no avanzo más de 50 páginas la abandono, los libros de cuentos tienen la posibilidad de darme una sola historia que sea por lo menos agradable y con eso quizás habrá valido la pena el tiempo invertido. En este caso, encontré ese cuento en “Dime, Paco”, un cuento que me parece que tiene algo más que variaciones sobre el mismo autor. En este cuento, Estivill se arriesga y sale de su zona de confort y trata un tema cotidiano, como es la paternidad y el abandono. Un taxista nocturno encuentra a un niño de la calle en el Centro de la Ciudad de México. Dos ejemplares de la fauna de la gran ciudad se acercan y se relacionan. El taxista ayuda al niño durante un largo tiempo. Piensa incluso en adoptarlo. Pero el autor da un giro final quizás algo esperado pero no por ello menos sorprendente, en el sentido de que el taxista puede ser en realidad el padre de aquel niño, a quien abandonara junto con su madre años atrás. He aquí una historia, un cuento, algo que se para por sí mismo, que puede disfrutarse, que no está impostado ni se siente falso, como casi todo en las otras 15 historias.
Uno cuento, que no digo que sea una joya ni micho menos, pero un cuento que hace que valga la pena leer las 116 páginas totales. Fuera de esto, lo mejor del libro es la edición de Ficticia, que suele hacer libros impecables. Leeré más de Estivill, de preferencia una novela.


martes, 19 de febrero de 2013

Compré esta novela de Mario González Suárez, "A wevo, padrino", a este autor me lo han vendido caro. La edición de Mondadori está bien hecha. Lo leo y veo que le falta síntesis, lo que cuenta en las primeras 30 páginas puede contarse en 5. Empieza a ser predecible, o más bien parece ir hacia un lugar común. Como sea le falta fuerza narrativa, no me atrapa la historia y el personaje es inverosímil, es un taxista que se mete en malos pasos, pero también es un filósofo existencialista que utiliza la duda metódica en cada paso que da y en cada situación en que se ve envuelto. Vive en un puerto del Pacífico mexicano. El lenguaje y la sintaxis sí me agradaron, arrabalero el autor, se ve que conoce el ambiente bajo. Habrá que leer alguna otra obra, porque lo que es esta no la terminaré nunca.
Comencé a leer "El rastro" de Margo Glantz (Anagrama, 2002) tan recomendado, pero no avanzo más de la página 30, está aburridísima, una mujer que llega al velorio de su ex pareja, que era compositor y así, pero no pasa nada interesante hasta ahora, continuaré solo 10 páginas más y listo, no hay tiempo para algo así

miércoles, 6 de febrero de 2013


Editoriale s artesanales en México

En el mercado editorial artesanal de México hay varias propuestas. Desde libros de las cartoneras[1] hasta ediciones locales artesanales más bien intuitivas,[2] enriquecen la oferta de libros en México. Hoy hablaré de libros que abrevan de una estética editorial con bases tradicionales y un cuidado de producción fino. Específicamente, en las ferias del libro[3] y algunos locales especializados en venta de libros para bibliófilos y artistas,[4] podemos encontrar las siguientes propuestas:
            1. Martín Pescador es un taller del tipógrafo y músico Juan Pascoe, instalado en  la Hacienda de la Rosa, en Tacámbaro, Michoacán. Sus libros no son fáciles de conseguir, pero en www.mercadolibre.com se pueden encontrar algunos ejemplares, además de que la Universidad de Princenton tiene en su biblioteca varios títulos. La Librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica tuvo a la venta Bibliofilia, un libro testimonial sobre José Luis Martínez, coeditado con el mismo FCE en 2004. No tienen página de internet, facebook ni correo electrónico.
            2. Taller de Leñateros. Fundado por la poeta Ámbar Past en 1975, produce libros hechos con papel a mano a base de cortezas se la selva chiapaneca. Además de la tienda que tienen abierta en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, pueden localizarse en las principales ferias de libro nacionales, además de que tiene un distribuidor en la Ciudad de México. Página web: www.tallerlenateros.com.
            3. Taller Ditoria. Una propuesta de Roberto Rébora y Jorge Jiménez que vio la luz en 1994. Usan una prensa plana para hacer composiciones con tipos móviles, además de grabado y serigrafía; encuadernaciones a mano. Venden en ferias internacionales, nacionales y locales, además de vender por su página web (http://tallerditoria.com.mx). Aunque su principal estrategia de ventas es la venta de bonos anuales que funcionan de la siguiente manera: el cliente compra un bono de $ 1,500.00, por lo cual recibirá dos títulos editados en dicho año por el Taller Ditoria.
4.  Malasuerte. Conocí el trabajo de esta editorial en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2011 en la Ciudad de México. Dentro de la Carpa de Editoriales Independientes, en un modesto anaquel se encontraban cuatro títulos. Se trata de libros impresos en papel artesanal (no decía con qué técnica), terminados con encuadernación copta sin refinar, foliados a mano.

Los editores artesanales nos recuerdan el estrecho vínculo entre el autor, las manos del editor-impresor  y el público lector.

Publicado en EL REGIONAL DEL SUR en marzo de 2012


[1] El fenómeno de las cartoneras nació hace una década en Sudamérica. En México, la primera fue La Cartonera, fundada en Cuernavaca, Morelos, en 2007.
[2] Ejemplo de ello en Cuernavaca es el trabajo de la poeta y performancera Marina Ruiz, quien edita  libros semiartesanales, de bajo tiraje.
[3] Algunas editoriales también han logrado vender directamente o a través de terceros en ferias internacionales, como Frankfurt, Salón del libre de Paris, entre otros
[4] Uno de estos locales es Conejoblanco Galería de Libros (www.conejoblanco.com.mx/), en la colonia Condesa de la Ciudad de México. 

DOCE REFLEJOS DE BLANCA NIEVES
Daniel Zetina

En octubre de 2011 se publicó el libro de cuentos Doce reflejos de Blanca Nieves, de Lorena Aguilar, bajo el sello Amarillo Editores. En alguna medida, era una obra esperada en el contexto local. Aguilar ha participado en el taller de creación literaria de Citlalli Ferrer desde hace algunos años, junto con otros jóvenes escritores como Davo Valdés, Jimena Ramírez y Lucero García.
     Creo que la autora está logrando un estilo personal. Lo digo porque la docena de cuentos que integran el volumen tienen rasgos en común, no sólo debido a que todos giran en torno a ciertas mitologías tomadas de la literatura infantil clásica, también porque en todos se pueden percibir las obsesiones de Aguilar, quien, además de dedicarse profesionalmente al canto, es también una lectora profesional, según parece, pues las referencias a otras obras (o intertextualidades) están, en general, bien manejadas: se nota una apropiación así como una reinterpretación, que dan como resultado una obra propia y no un refrito. Esa es una de las ventajas de Doce reflejos…
     Pero, ¿cuáles son las obsesiones que Aguilar deja ver en las 134 páginas de su libro? Por un lado tenemos, de manera importante a los personajes: igual que ella, se trata de obsesivos que pueden llagar a desbordar sus pasiones si encuentran los detonadores adecuados: suicidas, brujas, madrastras, hordas populares, enanos. Además de toda la riqueza que envuelven estos personajes, si algo quiere transmitir Aguilar es su propia estética grotesca.
     Los ambientes son lúgubres, circulares, aprisionantes, con frustración, pero también con un toque de erotismo, desde el más tierno hasta el más sórdido. Un personaje, cualquiera de ellos, dice “Sabía que me esperaba un dolor insoportable, que la muerte más horrible me tomaría por esposa y mis nupcias serían consumadas en un lecho de sangre”.
     En otro lugar se lee: “Doce lobos se arrojaron sobre ella. Hicieron jirones los restos de su vestido y, arrancando sus miembros, en poco tiempo la consumieron”.
     A mí sólo hay un cuento que no me gustó nada: “Los enanos”, en él se recrea el mito de Blanca Nieves, en efecto, pero sin la fuerza ni la sensibilidad de otros. Quizás me desagrada el tono reflexivo de los personajes, o quizás sólo no me gustó.
     En especial, me gustaron tres cuentos: “El bosque oscuro”, que narra la odisea de un personaje en busca de un animal muy especial. Este cuento bien pudo desarrollarse como una novela fantástica, con lo que pudiera haber alcanzado la profundidad y el detalle que por momentos se antoja leer.
     El segundo es “La mina”, una propuesta personal de la Conquista española.
    El tercero, y creo yo que el mejor, es “El pozo de los deseos”, que incluye un giro final sorprendente, bien presentado y con unidad de sentido.
   Había leído a Lorena Aguilar en algunos medios impresos, y como le pasará a muchos, extrañé no encontrar su bellísimo y algo conocido cuento “El beso”, aunque pronto reparé en que no tenía nada qué ver con la dinámica de Doce reflejos… y que lo más seguro es que aparezca en un próximo libro que Aguilar esté preparando para sus lectores fieles y para todo el nuevo público al que sea capaz de cautivar.

Publicado en EL REGIONAL DEL SUR, el 31 de marzo de 2012



Nota rosa
Murió de amor, los forenses lo encontraron con el beso de gracia.

Primer round
El Campeón se preparó, se puso los guantes, aflojó las quijadas y comenzó a lavar los trastes.

martes, 5 de febrero de 2013