miércoles, 6 de febrero de 2013


DOCE REFLEJOS DE BLANCA NIEVES
Daniel Zetina

En octubre de 2011 se publicó el libro de cuentos Doce reflejos de Blanca Nieves, de Lorena Aguilar, bajo el sello Amarillo Editores. En alguna medida, era una obra esperada en el contexto local. Aguilar ha participado en el taller de creación literaria de Citlalli Ferrer desde hace algunos años, junto con otros jóvenes escritores como Davo Valdés, Jimena Ramírez y Lucero García.
     Creo que la autora está logrando un estilo personal. Lo digo porque la docena de cuentos que integran el volumen tienen rasgos en común, no sólo debido a que todos giran en torno a ciertas mitologías tomadas de la literatura infantil clásica, también porque en todos se pueden percibir las obsesiones de Aguilar, quien, además de dedicarse profesionalmente al canto, es también una lectora profesional, según parece, pues las referencias a otras obras (o intertextualidades) están, en general, bien manejadas: se nota una apropiación así como una reinterpretación, que dan como resultado una obra propia y no un refrito. Esa es una de las ventajas de Doce reflejos…
     Pero, ¿cuáles son las obsesiones que Aguilar deja ver en las 134 páginas de su libro? Por un lado tenemos, de manera importante a los personajes: igual que ella, se trata de obsesivos que pueden llagar a desbordar sus pasiones si encuentran los detonadores adecuados: suicidas, brujas, madrastras, hordas populares, enanos. Además de toda la riqueza que envuelven estos personajes, si algo quiere transmitir Aguilar es su propia estética grotesca.
     Los ambientes son lúgubres, circulares, aprisionantes, con frustración, pero también con un toque de erotismo, desde el más tierno hasta el más sórdido. Un personaje, cualquiera de ellos, dice “Sabía que me esperaba un dolor insoportable, que la muerte más horrible me tomaría por esposa y mis nupcias serían consumadas en un lecho de sangre”.
     En otro lugar se lee: “Doce lobos se arrojaron sobre ella. Hicieron jirones los restos de su vestido y, arrancando sus miembros, en poco tiempo la consumieron”.
     A mí sólo hay un cuento que no me gustó nada: “Los enanos”, en él se recrea el mito de Blanca Nieves, en efecto, pero sin la fuerza ni la sensibilidad de otros. Quizás me desagrada el tono reflexivo de los personajes, o quizás sólo no me gustó.
     En especial, me gustaron tres cuentos: “El bosque oscuro”, que narra la odisea de un personaje en busca de un animal muy especial. Este cuento bien pudo desarrollarse como una novela fantástica, con lo que pudiera haber alcanzado la profundidad y el detalle que por momentos se antoja leer.
     El segundo es “La mina”, una propuesta personal de la Conquista española.
    El tercero, y creo yo que el mejor, es “El pozo de los deseos”, que incluye un giro final sorprendente, bien presentado y con unidad de sentido.
   Había leído a Lorena Aguilar en algunos medios impresos, y como le pasará a muchos, extrañé no encontrar su bellísimo y algo conocido cuento “El beso”, aunque pronto reparé en que no tenía nada qué ver con la dinámica de Doce reflejos… y que lo más seguro es que aparezca en un próximo libro que Aguilar esté preparando para sus lectores fieles y para todo el nuevo público al que sea capaz de cautivar.

Publicado en EL REGIONAL DEL SUR, el 31 de marzo de 2012


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