lunes, 25 de febrero de 2013

Sin importar el lector

Daniel Zetina

Terminé "En la mira del avestruz y otros cuentos" de Alejandro Estivill (Ficticia-Conaculta, 2007). Son 16 cuentos disímiles sin nada que les dé unidad de sentido.  Los hay breves (una página) o cortos (hasta 16 páginas). Unos son de ficción, otros de ciencia ficción, unos más son intertextuales, otros de fútbol y de temas urbanos.
En general no me gustó el libro, pero hay cosas que comentar. El lenguaje es el de un nerd, por ejemplo, usa frases populares pero como un clisé, sin dominio de ellas. Es decir, el autor no las usa en su vida cotidiana. Los dos cuentos que tratan de fútbol (“Yo no maté al árbitro” y “El león de Bongor”) manifiestan sin duda con mayor claridad las obsesiones del escritor. En ellos se deja llevar por su pasión y se olvida del lector, como lo hace en casi todas sus historias. Es algo arriesgado pero interesante. Como digo, no parece importarle si el lector entiende, ya no digamos si comparte, la pasión y los detalles de los que se vale para construir unas tramas, que si bien pueden ser verosímiles son también sosas y aburridas. En un momento parece que nos llevará al desenlace vertiginoso o a un giro final sorprendente, pero no es así. Las historias de pronto parecen no terminar, incluso no empezar nunca. Como decía, son puras obsesiones, pero casi no son literatura, sino apuntes mentales llevados al papel.
En este caso sí leí todo. A diferencia de una novela, en la cual si no avanzo más de 50 páginas la abandono, los libros de cuentos tienen la posibilidad de darme una sola historia que sea por lo menos agradable y con eso quizás habrá valido la pena el tiempo invertido. En este caso, encontré ese cuento en “Dime, Paco”, un cuento que me parece que tiene algo más que variaciones sobre el mismo autor. En este cuento, Estivill se arriesga y sale de su zona de confort y trata un tema cotidiano, como es la paternidad y el abandono. Un taxista nocturno encuentra a un niño de la calle en el Centro de la Ciudad de México. Dos ejemplares de la fauna de la gran ciudad se acercan y se relacionan. El taxista ayuda al niño durante un largo tiempo. Piensa incluso en adoptarlo. Pero el autor da un giro final quizás algo esperado pero no por ello menos sorprendente, en el sentido de que el taxista puede ser en realidad el padre de aquel niño, a quien abandonara junto con su madre años atrás. He aquí una historia, un cuento, algo que se para por sí mismo, que puede disfrutarse, que no está impostado ni se siente falso, como casi todo en las otras 15 historias.
Uno cuento, que no digo que sea una joya ni micho menos, pero un cuento que hace que valga la pena leer las 116 páginas totales. Fuera de esto, lo mejor del libro es la edición de Ficticia, que suele hacer libros impecables. Leeré más de Estivill, de preferencia una novela.


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