viernes, 4 de octubre de 2013

El asombro de la permanencia

Javier Sicilia, La presencia desierta. Poesía 1982-2004, FCE, México, 2004, 224 pp.*

Por Daniel Zetina

No es necesario innovar para hacer poesía. De hecho, no es necesario moverse ni un paso desde el punto de partida. Esto no es un negocio, es una inmejorable sinrazón.
            En Cuernavaca se sabe que Javier Sicilia, poeta renacido en Morelos, trabaja mucho. Da clases, asiste a escuelas, seminarios, encuentros, promueve y un sin fin. Se sabe también que ha publicado una biografía y algunas novelas, entre la que destaca El Bautista. Muchos leen su columna en La Jornada Semanal, sus artículos en Proceso y otras revistas. Se conoce su afán por apoyar causas difíciles que no estériles.
            Aunque al verlo en la calle la gente diga “Ahí va un poeta”, poco se sabe de su poesía, de su verso tenaz, de sus poemarios publicados. No es, por lo mismo, ampliamente conocida su antología La presencia desierta. Poesía 1982-2004 que el Fondo de Cultura Económica le publicó en 2004.
            Sicilia es místico, espiritual, respetuoso de las cosas de Dios y cauteloso con las del hombre. Así es su poesía. En ella, lo divino torna mundo en su palabra.
            Esta antología abarca sus poemarios Permanencia en los puertos (1982), Oro (1990), Trinidad (1992), Vigilias (1994), Resurrección (1995), Pascua (2000) y Lectio (2004). Es a la vez fiesta e invitación a una poesía que se puede bien llamar honesta y que no sorprende por sus giros sino por su constancia.
            Dejo al poeta el resto de la página, a su palabra tus oídos, a su letra tus ojos.
           
Permanencia en los puertos (fragmento)

9

Aquí la tierra es dulce y alimenta,
nítida sequedad bajo mis huertos.
La vida vuelve, asciende,
de su raíz despega y se reinventa;
la muerte se disuelve entre sus puertos
y todo desde el lodo se distiende.


Vigilias (fragmento)

Habla María Magdalena

Perdóname, Señor, no me sabía
tan blanca ni tan bella; tengo sucios
los labios de saciar otros deseos
y mis ingles manidas y llagadas;
perdóname, mi Amor, no comprendía,
de tanto avergonzarme ante tu cuerpo
y se redime en el mundo con tus besos.
No tengo ya vergüenza que oponerte
ni velo, ni vestido, ni sandalias;
sólo un vasto deseo me domina,
una pasión oculta que me impulsa
a perderme en la sima de tu lecho
y a aliviarme desnuda entre tu reino.

Resurrección (fragmento)

Y al cabo de los siglos me descubro
como Javier Sicilia, más pequeño
y mas triste mirando en la fe
y en esta dura hora en la que entrego
el barro de mi padre y sus despojos…

Pascua (fragmentos)

Todo se hunde aquí, en esta sombra:
las tiendas comerciales, Televisa,
la usura de los bancos y la Bolsa,
las industrias de ICA y las de Pemex.

[…]

y en el fondo del alma el hombre reza;
en esa soledad, si uno se calla,
se puede oír, se puede, la presencia,
porque hay un tiempo en ella para todo:
tiempo para nacer y morir, tiempo
para crecer y edificar; un tiempo
para la dicha y otro para el llanto;
tiempo para sembrar y tiempo para
cosechar, y otro más para que Dios
nos llame y se degrade la materia
que nos llevó a través de lo visible

y la presencia vuelva a su principio.

* Publicado en el suplemento "Bajo el Volcán" de La Unión de Morelos en abril de 2005.


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